En mi barrio, quiero decir en mi calle, movieron el quiosco de prensa unos metros. Antes estaba en una acera, haciendo esquina con dos calles, y ahora está al otro lado de la carretera en una especie de plaza que queda ante la boca de Metro. Ahora el quiosco lo ve más gente al pasar pero está más dificil llegar a él, y cuando se llega, al estar en un espacio más grande, parece que tiene menos género que vender, ocupa menos calle porque la acera es más grande y engaña su catálogo, pero realmente tiene las revistas de siempre y algunas más muy interesantes.
El quiosco como digo está frente a la boca de Metro, en donde uno puede llegar, con algún transbordo entre Metro y tren de Cercanías, a Fuenlabrada. De la estación Fuenlabrada Central se llega fácil a la Casa de la Música, un recinto fantástico, por su ubicación en mitad de un parque pero sobre todo por su buen sonido y visibilidad, para conciertos como el de Quique González el 8 de mayo.
El recital que ofreció Quique González, con un sold out -creo que los colecciona desde hace algunas giras-, en la Casa de Música de Fuenlabrada demostró que es un tipo al que nunca hay que perder la pista e ir a ver siempre que se pueda. Sin duda su estado de forma musical es mayúsculo, no voy a describir su talento musical ni el de sus músicos aquí, y su personalidad en el escenario es arrolladora: austero pero con clase en la puesta en escena, humildad que demuestra en cada aplauso que recibe y en los aplausos que pide tanto para sus músicos y colaboradores como para los trabajadores técnicos del show, dsifrute en lo que hace en la forma de tocar, controloando intensidades, y honestidad en la manera que tiene de mirar a sus músicos. Luego están las canciones, claro. Que son las de entonces -en el «entonces» de cada persona que es el entonces de empezar a escuchar a Quique por primera vez- como por ejemplo, en mi entonces, la nunca olvidada Miss camiseta mojada, el himno Salitre, la potente Vidas Cruzadas en la que siempre suena la voz de Ivan Ferreiro aunque no esté cantando, la evocadora Kamikazes enamorados, la potente Avería y Redención y la inesperada y cinematográfica Caminando en círculos con sus pequeñas variaciones en el ritmo conforme a la original. Además de las de entonces, también están las canciones de discos de los últimos años como la celebrada y cantada por el público Charo junto a Patricia Lázaro, La luna debajo del brazo, Detectives, Dallas-Memphis cantada junto a César Pop, o dos que creo que con el tiempo, con cada escucha, se hacen cada vez mejores como Su día libre o la magnífica Clase Media. Y luego están las canciones del último disco 1973 que piden su sitio en un repertorio exigente, hay demasiadas canciones buenas en él y otras tantas igual de buenas que han quedado fuera, y lo hacen con aplomo como De verdad lo siento, o La caja de herramientas que cantó de manera sobria y emocionante Toni Brunet, la tan especial Descosiendo un milagro siendo aún más especial al piano y a la voz del pianista Raúl Bernal o Terciopelo azul con la voz de seda y lija (que diría Gatoperro) de Patricia Lázaro. Y claro, estaban las canciones, las de entonces, las de luego y las de ahora, pero es que en la Caja de Música también estaba PATRICIA LÁZARO, cantante espectacular y cantautora sublime a la que hacía tiempo no escuchaba cantar. Y que hizo aún más emocionante un concierto ya de por sí emocionante con sus participaciones en Terciopelo azul , Alguien debería pararlo -canción que siempre pasó desapercibida para mí en los discos hasta ahora que Patricia la ha dado otro sentido- y Charo intentando colar su voz entre el coro grupal de todo el público. Ojalá más ciudades de la gira puedan ver a Patricia Lázaro cantar con Quique González.
Sí, fue emocionante volver a ver a Quique, que es cierto que yo llevaba un tiempo sin ver y que celebreé el reencuentro como una primera vez de muchas que vendrán, como el día que por primera vez fui al quiosco de mi barrrio en su nueva localización. E intuyo que siempre será emocionante porque es uno de los mejores escritores de canciones que hay, porque es un tipo de verdad que cree en las canciones y en compartirlas con personalidad, sin artificios, ni marcas ni cajas registradoras. Y porque dicho todo lo escrito en una frase: es un tipo que sigue comprando revistas aunque muevan el quiosco de sitio.











